El lugar más peligroso para la mujer no es la calle sino su casa

 

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Extraído de la entrevista de Página 12 a Luz Patricia Mejía, Secretaria Técnica del Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belém do Pará (Mesecvi)

Haciendo un balance sobre los 20 años de aplicación de la Convención para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención Belém do Pará), que fue la primera en hablar de la violencia contra las mujeres en términos de derechos humanos, 20 años son pocos todavía para erradicar esta violencia. El gran desafío es poder deconstruir los estereotipos de género que profundizan la violencia contra las mujeres. Si bien los países progresistas de la región en general ponen en agenda algunos temas fundamentales para las mujeres, también se observan claras resistencias. Por ejemplo, el tema abortoue es uno de los temas de violencia institucionalizada más brutales contra las mujeres, y no están logrando los avances que se quisiéramos.

La Convención de Belém do Pará es la primera Convención que reconoce el derecho de las mujeres a vivir una vida sin violencia como un derecho humano y que estableció y generó una cantidad de estructuras y andamiaje muy importante en la región respecto de visibilizar la situación de las mujeres frente a la violencia. Pero al mismo tiempo, la violencia está tan enraizada en nuestra cultura –la violencia contra las mujeres, las desigualdades entre varones y mujeres–, que más allá de la Convención, lo que está permeado en las sociedades americanas es que la violencia es de un orden natural. Entonces si bien tenemos estructuras, leyes, planes nacionales, algunos mecanismos de garantías, tanto hombres como mujeres seguimos teniendo una cultura arraigada en el machismo. Veinte años después todavía nos damos cuenta de que tenemos que seguir deconstruyendo esos valores con los que fue construido el estado moderno.

La Convención puede entenderse también como un logro en la lucha del movimiento de mujeres, feminista, por visibilizar una situación que tenía ribetes de prácticamente delitos de lesa humanidad a lo largo y ancho de la región, sin que hubieran sido identificados como tales. Si miramos hacia atrás, antes del año ’94, ya se había empezado a hablar de una manera permanente y clara de las grandes violaciones de derechos humanos que ha vivido la humanidad y sin embargo nunca se había destacado el impacto diferenciado que alguna de esas mismas violaciones habían tenido en las mujeres. Lea la entrevista completa.

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